3 estrategias para alargar la alegría por un reto conseguido

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La sociedad en la que nos desenvolvemos es competitiva: hay parejas que muchos desean, puestos de trabajo que muchos desean y sitios de ocio para los que se agotan las entradas en unos minutos. De alguna manera, si quieres algo muy demandado y con muy poca oferta no te queda más remedio que competir con otras personas y asumirlo como un reto.

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Detrás de muchos de estos desafíos hay caminos largos y duros. En ellos hay momentos en los que te crees el peor y momentos en los que sientes que nada puede salir mal.

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Lo efímero del reto conseguido

Estamos en la sala de espera y miramos a nuestro alrededor. Hemos ido para una entrevista de trabajo y suponemos que las personas que nos rodean son nuestra competencia directa para el puesto. Escuchamos de qué hablan: nuestros cinco sentidos están alerta y no se nos escapa el ruido de una mosca. Nos venimos arriba cuando alguien dice que le hubiera gustado tener un curso en el curriculum que nosotros sí tenemos. El reto de conseguir el trabajo parece ahora más fácil.

Por fin nos llaman. Nos ponemos en pie y de los nervios se cae la carpeta en la que guardamos los certificados originales de toda nuestra formación. También hay una pequeña libreta propia de una persona seria y un bolígrafo que hemos adoptado como amuleto.

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Contestamos a todo lo que nos preguntan, preguntamos también nosotros por algunas condiciones del puesto que no nos han quedado claras. Finalmente salimos de allí con la sensación de haber defendido bien una “plaza” complicada. Esa mañana no podíamos haber hecho más.

Sin embargo, una vez que traspasamos la puerta contenemos bajo siete llaves esta euforia. Nos decimos que de nada sirve que haya salido bien si al final no nos dan el puesto. ¿algo que celebrar? De momento nada. Llegamos a casa y nos preguntan.

Nos encantaría decir que ha ido muy bien, pero preferimos privarles de esta alegría con el fin de ahorrarles después una decepción. No es la primera entrevista que hemos hechos bien, tampoco sería pues la primera que después de haber salido con esa sensación no nos cogen.

A la semana nos llaman y nos confirman que el puesto es nuestro. Por supuesto, nos alegramos un montón cuando nos lo dicen. Nos encantaría salir esa noche a celebrarlo con nuestra pareja con una buena cena. Sin embargo…aún no hemos cobrado nuestra primera nómina y la cuenta después de unos meses en paro no está para dispendios. Además, ella llegará cansada y le apetecerá poco.

Ya habrá alguna ocasión de celebrarlo….

Alargar los instantes de felicidad

Desgraciadamente es tan común el proceso que hemos descrito en el punto anterior que asusta. Es como si no supiéramos caminar sin un peso a la espalda. Como si esa necesidad por conseguir, por ahorrar, por asegurar o por mejorar se comiera nuestro margen vital. Nunca parece suficiente.

Terminamos de un manotazo con los momentos alegres porque nos sentimos extraños en ellos. Pensamos que disfrutarlos puede ser un ejercicio de egocentrismo censurable.

Volvemos a la tensión porque es donde estamos acostumbrados a estar. Nos ponemos a correr detrás del reloj porque es al que mejor le seguimos la pista. Perseguir su espalda es la tarea más cotidiana para nosotros.

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Por eso en este artículo quiero hablar de tres estrategias para que esos momentos de felicidad por el reto conseguido duren y se alarguen en el tiempo lo que merece lo conseguido. Con ellas harás que ocupen un lugar más amplio en tu vida del que les has dado hasta ahora.

Celebra: contigo o con alguien, pero dedica un rato a ponerte en una situación en la que el único objetivo sea disfrutar. Puede irte a cenar fuera o preparar una cena tranquilamente en casa, ver es película que tienes pendiente desde hace tiempo o levantarte más tarde.

Comparte mejor que compite: una partida de cartas o unas cuantas vueltas a un circuito de cards puede ser muy divertido, pero en estos momentos se trata de no seguir presionando el botón de la competición o el de la superación. Se trata de entrar en un grado de activación que haga contraste con el que has experimentado hasta ahora para conseguir el reto que te has logrado.

No hay nada después: no es el momento de preparar la reunión del Lunes, de repasar el proyecto que te ha mandado un amigo para que revises o de vaciar el cesto de la colada. Date un rato para recrearte en lo que has conseguido, cuéntales a los demás lo que te ha costado, hablarles de esas partes que se han perdido y de los momentos que por el camino sentiste la tentación de abandonar.

Dale aire a tu autoestima y permite que el logro vaya acompañado del reconocimiento. Eso no es incompatible con que seas alguien modesto.

Por otro lado, si tienes alguien tu alrededor que ha conseguido un logro importante, escúchale. Piensa que cuando todo sale bien también es importante escuchar. No solo lo es cuando hay que hacer un ejercicio de consuelo. En los dos casos la persona percibe ese gesto como una forma de reconocimiento que le hace mucho bien.

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Fuente: La Mente es Maravillosa

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