Cómo un elote inspiró al conserje mexicano que inventó los Flamin’ Hot Cheetos

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Hay dos tipos de personas en este mundo: los que prefieren las papas fritas y los que gustan más de los Cheetos. Particularmente yo tiendo a atacar el bol de Cheetos en cada fiesta, no me importa que las manos me queden todas sucias (de hecho, esa es la mejor parte).

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Y si hay un mejor invento en este mundo que los Cheetos, son los Flamin’ Hot Cheetos (esos extra picantes que hacen que te arda hasta el alma). 

¿Se han preguntado quién fue la persona maestra detrás de esta creación? El mexicano Richard P. Montañez. ¿Cómo se le ocurrió? Por un elote.

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Richard comenzó a trabajar como conserje en la planta Frito-Lay Rancho Cucamonga en 1976. Nunca se relacionó mayormente con los otros departamentos de la empresa, no tenía por qué. 

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Eso hasta que vio un videomensaje del CEO de la compañía invitando a los trabajadores a pensar como si fueran los dueños de la empresa.

“Empecé a investigar sobre mi compañía y noté que no había productos dirigidos para los latinos ni para los amantes de lo picante”

-Richard P. Montañez

Aunque la idea no le llegó hasta que un día compró un elote para él y su hijo. Mientras se lo comía bañado en mayonesa, mantequilla, queso, chili y lima, se dio cuenta: se parece mucho a un cheeto. ¿Qué pasa si pongo chile en un cheeto?

Siguiendo lo que él sabía era una idea maestra, creó su propia mezcla y la colocó en Cheetos sin sazonar: fue un éxito entre los trabajadores. La empresa le permitió presentar un plan de marketing para los Flamin’ Hot Cheetos: se convirtieron en el producto mejor vendido de la compañía.  

Actualmente, Richard es el líder ejecutivo en ventas multiculturales y promoción en comunidades de PepsiCo en Norte América y es el autor del libro bestseller “A boy, a Burruto and a Cookie”.

Muchas gracias Richard, por crear tal delicioso bocadillo. Tienes nuestro más profundo agradecimiento. 

 

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Fuente: UPSOCL

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Written by Mary

Mary

Pensando como siempre en la inmortalidad del cangrejo, surgió una epifanía en la cual soñé un mundo cabalgado por unicornios que sobrevuelan un sin fin de praderas de estrellas y esperanzas.

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