Consultarle todo a tus hijos no es democracia, sino mala educación

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El modo de educar a los hijos ha sufrido una gran transformación durante las últimas décadas. La estructura de la familia también se ha transformado dramáticamente. De un modelo que algunos llamaban de “hijos-mueble”, se ha pasado a otro en el que los chicos se convirtieron en el centro del universo para sus padres.

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La familia extensa ha ido desapareciendo paulatinamente. Ahora, buena parte de las familias tienen un solo hijo, y muchas veces un solo padre también. Por eso el chico es el centro de atención absoluto para los máximos responsables de su educación. Esto no ocurría antes, cuando el interés tenía que distribuirse entre varios hijos y otros miembros de la familia, como tíos o abuelos, tenían una gran influencia en la educación de los pequeños.

Este nuevo modelo es sobre todo propio de clases medias y altas. Por eso mismo, implica un elemento adicional que resulta preocupante. Los hijos también se han convertido en símbolo de estatus para sus padres. Son su “gran inversión”. Hay competencia por quién tiene los hijos más lindos, más políglotas, más desenvueltos. En definitiva más de cualquier adjetivo positivo que se nos pueda ocurrir.

La atención excesiva frente a los hijos

El nuevo modelo de crianza busca producir hijos más o menos perfectos. Se caracteriza por mantener una supervisión constante sobre lo que hacen a diario. Pero no solo eso, también hay una completa supervisión sobre su futuro. Los padres les “diseñan” un prometedor futuro desde que empiezan a andar.

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Para que las expectativas se cumplan, es frecuente que los padres también estén atentos con el único objetivo de que los niños no lo pasen mal haciendo frente a cualquier problema que tengan. Meterse en dificultades no cabe en este esquema y mucho menos salir de esos líos sin la ayuda de los padres, sin hacer exactamente lo correcto.

padres con hijos

Por otro lado, los padres se han vuelto muy inseguros. Temen al ejercicio de su propia autoridad. Se comportan como una especie de “coaching” de sus hijos, no como sus padres. Proyectan sobre los chicos sus propios deseos y metas y les da miedo entrar en conflicto con los pequeños: no sea que el rechazo de algunas de sus acciones los vaya a afectar demasiado. Por eso, se lo piensan mucho antes de poner límites.

Los hijos de la actualidad

La crianza enfocada de esta manera no parece tener resultados esperanzadores. Suele generar hijos que se muestran inseguros para afrontar las dificultades o las carencias. No saben cómo actuar cuando dejan de ser el centro del universo. Al mismo tiempo, les cuesta trabajo entender que para obtener hay que hacer algo más exigir.

Los niños que crecen dentro de este modelo tienen la sensación de que son mejores que los demás. Sin embargo, al mismo tiempo, esa percepción se desvanece y pasa al otro extremo con una facilidad abrumadora. Todo su “amor propio” acaba cuando se encuentran en una situación en la que los demás no aplauden lo que hacen.

padres con hijos

Estos hijos son buenos candidatos para la dependencia. Si están en una encrucijada, probablemente llamarán a los padres antes que intentar resolver la situación por sí mismos; de adultos, creerán que una señal de amor de su pareja es que aguante todas sus ocurrencias sin ningún tipo de opinión crítica. En el fondo, por más idiomas que hablen o destrezas que hayan desarrollado, emocionalmente siguen siendo unos niños indefensos.

Consultar la opinión de los hijos para todo

Este nuevo estilo de educación origina grandes problemas de autoridad. Es muy nociva la idea de que el hijo es un “adulto en miniatura”. Algunos padres creen que si consultan la opinión de sus hijos para todo incrementarán su autonomía, cuando el efecto que consiguen con esta costumbre sin excepciones es el contrario. Un chico de 5 o 10 años en muchos aspectos no tiene idea de qué es lo mejor para él y, por otro lado, piensa que para desarrollar la autonomía es absolutamente necesario pasar por la obediencia.

Los límites que imponen los padres no son una forma de coartar la libertad o el desarrollo de sus hijos. Todo lo contrario. Son los referentes que le permitirán sentir que el mundo es un lugar seguro: les marcarán una franja de actuación que podrían explorar de manera libre y sin miedo. Además aprenderá que la realidad se desenvuelve en el marco de un orden ya establecido y que no es el chico el que dice cómo tiene que funcionar el mundo, sino al contrario.

padres con hijos

La familia es una institución de relaciones asimétricas. Su principal función es la de acompañar al individuo en su proceso de inserción en una cultura, y para entrar en la lógica de una cultura, es indispensable que renunciemos a ciertos deseos imposibles. El deseo de no perder jamás, por ejemplo. El deseo de que todo el mundo se pliegue a nuestros caprichos. Y varios más, que vienen como germen en todo ser humano.

Ya les llegará un tiempo a los hijos para que intenten cambiar el mundo a su estilo. Mientras son pequeños, tienen que participar de las directrices que marquen sus padres. A diferencia de lo que piensan muchos padres inseguros, ese proceso de ponerles límites es la mejor manera de invertir para que ellos tengan un gran futuro.

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Fuente: La Mente es Maravillosa

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