Cuando no hay odio dentro, no hay enemigos fuera

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Nuestra personalidad y forma única de ver la vida condiciona la manera en la que nos relacionamos con los demás. En determinadas situaciones proyectamos nuestras características a las personas de nuestro entorno, atribuyendo a otros comportamientos o pensamientos que en el fondo son nuestros. En esta línea, tener enemigos puede estar más relacionado en cómo afrontamos las situaciones en nuestra mente que en las circunstancias que objetivamente nos suceden.

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A veces el peor ataque que podemos sufrir no viene del exterior, sino de nosotros mismos. En aquellas situaciones donde nos sentimos agredidos por ataques externos, condiciones internos como la rabia, la impotencia y la vergüenza social, es precisamente esto que viene de nosotros mismos lo que nos hace sentir débiles e inseguros, propiciando un caldo de cultivo para que veamos a los otros como enemigos.

Para nuestra estabilidad emocional es fundamental saber reconducir la rabia que estas situaciones nos producen. Saber qué situaciones y circunstancias nos suponen un agravio importante en nuestra vida es crucial para identificar a qué o quién nos enfrentamos.

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No cabe duda de que el peor ataque no es el que nos llega desde fuera, sino el que se produce desde dentro provocándonos una autovaloración negativa, que acaba minándonos como personas. Está autovaloración negativa nos convierte en nuestro peor enemigo, ya que nuestro equilibrio emocional depende, en gran medida, de nuestra autoestima.

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Cuando el enemigo eres tú

Robert J. Sternberg, profesor de la Universidad de Yale y ex presidente de la asociación americana de Psiquiatría, distingue al menos dos tipos de enemigos: los externos y los internos.

Los enemigos internos, como su nombre sugiere, se refiere a los que se encuentran en nuestro interior, como nuestros pensamientos. Cuando los pensamientos negativos nos atrapan en un bucle nos van llevan al enfado, a la furia, al odio, haciéndonos ver al otro como un enemigo por “provocarnos” diversas situaciones dolorosas.

Ese enemigo interno proviene de la irracionalidad que nos provocan todos esos pensamientos negativos. El bienestar emocional depende fundamentalmente de no dejarse llevar por los pensamientos automáticos, ya que éstos tienen características muy negativas:

  • Son irracionales, es decir no se atienen a los hechos objetivos, a la realidad.
  • Son automáticos, funcionan como un reflejo corporal que se produce sin que voluntariamente lo propiciemos.
  • Son exagerados, dramáticos y siempre negativos, generan un enorme malestar emocional y además de forma gratuita, sin que le podamos sacar el menor provecho.

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“Ni tus peores enemigos te pueden hacer tanto daño como tus propios pensamientos”

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¿Cómo controlar a los enemigos?

Gandhi practicaba un método pasivo para “luchar” contra sus enemigos, la no-resistencia constructiva. Esta es una manera activa de relacionarse con el enemigo por medios positivos, una forma proactiva de lidiar con las adversidades. En las relaciones personales hay un amplio abanico de situaciones a las que nos tendremos que enfrentar. Para lidiar con situaciones de conflicto es importante:

  • No pelear por el simple hecho de pelear
  • No pelear para inflar nuestro ego.
  • No pelear para exaltar nuestro orgullo.
  • No pelear para vencer a nuestro adversario o para castigarle.
  • Pelear solamente para obtener un fin mayor.
  • Luchar para conseguir superar nuestros problemas.

Por más que nos esforcemos las situaciones conflictivas no desaparecerán de nuestras vidas, así que es importante aprender a controlar el efecto que causa en nosotros.

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Imágenes cedidas cortesía de David de las Heras

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Fuente: La Mente es Maravillosa

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