Drones, brujas y otros objetos voladores para entender el terrorismo

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Parece que el terrorismo sigue siendo un tabú del que nos cuesta mucho hablar pero, hasta que no lo hagamos con total libertad, vamos a cometer muchos errores y los mitos que lo rodean nos van a guiar por el peor camino posible. El antropólogo vasco Joseba Zulaika nos relata cómo las políticas de antiterrorismo contribuyen a la promoción del propio terrorismo. Para ello, hace uso de analogías referentes a rituales, brujas, drones y juegos de cartas que se asemejan a estas políticas y a los actos de los terroristas.

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Piensa que en situaciones en las que existe riesgo de terrorismo los altos mandos pueden declarar lo que se conoce como estado de excepción. Esto significa que se pueden violar la leyes con impunidad. Matar es un acto deplorable que no se permite en un estado democrático y está castigo con duras penas, pero… ¿qué pasa si se mata a un terrorista?

Cuando se bombardean países bajo el pretexto de liberarlos de una dictadura y llevarles la democracia, estamos violando las normas de la democracia para crear la democracia. Esto es una paradoja, ¿cómo es posible que para instaurar unas leyes democráticas lo primero que haga sea violar esas leyes?

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Las metáforas del terrorismo

La metáfora que se usaba tanto en las guerras como en el terrorismo era la de la de una entidad superhumana, que podía ser un estado, un ejército o un país, y que mataba a seres subhumanos, los terroristas. Normalmente, estos seres que no llegaban a ser humanos eran comparados con animales como perros, cerdos, ratas y cucarachas. En la actualidad, con la aparición de los drones, esta metáfora ha cambiado.

Los drones son aviones no tripulados que se dirigen desde la distancia y permiten realizar un ataque aéreo desde una altura a la que son invisibles. Los riesgos para la persona que controla el dron no existen pues se haya a gran distancia. La consecuencia es que matar es más fácil ya que desaparecen los riesgos asociados a pilotar un avión.

La nueva metáfora es que los drones son como colibríes o gaviotas; aunque, como veremos, bien se podrían asemejar a las brujas, aquellos seres mágicos que desde sus escobas voladoras lanzaban hechizos mortales.

Estos ataques con drones causan lo que se ha denominado daños colaterales, que no son más que personas asesinadas que ni son terroristas ni han cometido crimen alguno, son civiles. Algunos datos muestran que el 98% de la víctimas de los drones son civiles.

El efecto de estas muertes es la venganza, por lo que cada vez que un dron mata un civil, la familia de este se va a rebelar y muy posiblemente se una a un grupo insurgente o terrorista. Estos datos no son ningún secreto pero, aun así, se ignoran a la hora de tomar decisiones importantes. Es lo que se llama una “pasión por la ignorancia”.

La guerrilla accidental

La gente común, que se ve atrapada en una lucha entre terroristas y contraterroristas, acaba por terminar apoyando la lucha local contra los forasteros, por lo que acaban siendo confundidos con los terroristas, de los cuales no se pueden distinguir. Muchos de estos combatientes no luchan porque odien a Occidente y quieran derrocarnos, muchos luchan porque hemos invadido su espacio.

Estas guerras accidentales se producen en cuatro etapas: infección, contagio, intervención y rechazo. Estas etapas se suceden en un progreso cíclico que no se rige por circunstancias culturales o políticas, ni por la lógica de la repetición histórica y de la acción-reacción. Este proceso se rige por la analogía médica de un virus o una bacteria. Las asociaciones primarias de infección y contagio apuntan a un pensamiento típico de la lógica de la brujería y los tabúes.

Según esta lógica, un país sufre una infección de terroristas y, poco a poco, más gente se va contagiando. Para detener la infección se realiza una intervención para acabar con los terroristas, pero normalmente como reacción a esta intervención se produce un rechazo por parte de los habitantes de ese país a la propia intervención. La causa de este rechazo no es otra que la de que los que realizan la intervención no distinguen entre estos y los terroristas. Un pensamiento similar se daba con los conjuros de las brujas o los maleficios de los chamanes.

La profecía auto-cumplida

Tanto en la magia asociativa como en el pensamiento antiterrorista, el juego con el eje del tiempo es de lo más revelador. La amenaza terrorista crea una temporalidad de la espera, la temporalidad histórica real se convierte en subyacente al temido futuro. Si no hay ataques terroristas, el contraterroristas puede reclamar el éxito de su prevención; pero si hay un ataque, el contraterrorista puede argumentar que tenía razón en sus predicciones.

En este punto, la anticipación del terrorismo se convierte en una profecía auto-cumplida. La complicidad surge de compartir una cultura de ultra-secreto en la que la información abierta es descartada como irrelevante y en la que la temporalidad de la espera tiende a dar más urgencia a lo que podría suceder que a lo que realmente es el caso.

El juego del “mus”

Desde el punto de vista de Zulaika, el terrorismo se puede comparar con los juegos de cartas como el mus y el póker ya que ambos integran un algo grado de incertidumbre. Estos juegos incluyen la opción del todo o nada que denominan órdago (u all-in). Estas opciones condensan todas las alternativas en una sola apuesta, el órdago es el último punto correctivo, la última opción, y normalmente se usa cuando uno va perdiendo como un farol.

El órdago interrumpe el proceso gradual, rompe el juego, e introduce una nueva premisa de condensación ritual, un on/off, donde las opciones solo son dos. Las premisas rituales de condensación y discontinuidad son intrínsecas a todo este fenómeno, para el pensamiento contraterrorista es un punto crítico no dejarse engañar por la aleatoriedad, los órdagos y por los faroles de los terroristas.

En la actualidad, vivimos dominados por la fantasía del monstruo/terrorista y se necesita de la ficción para disolver el mito de la cultura del terror y darse cuenta del rol que juegan las fantasías en la construcción de la realidad. La ficción de los mitos del terrorismo una estrategia que sirve para desestabilizar sus representaciones realistas. En la actual cultura del terror, la fuerza de la fantasía se hace más real. Hay que darse cuenta de cuál es la amenaza real y no subestimar amenazas más importantes y reales que la del terrorismo.

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Fuente: La Mente es Maravillosa

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