¿Enfrentas o afrontas los problemas?

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Nos tropezamos con situaciones negativas casi todos los días, situaciones que sacan lo peor de nosotros. Debido a ellas reñimos, gritamos, nos rebelamos, actuamos sin pensar. En definitiva, perdemos el control. Sin embargo, cuando se dan las circunstancias adecuadas, esas mismas dificultades y problemas, ante los que reaccionamos de manera tan poco adecuada, pasamos a verlos desde una perspectiva que nos genera más calma, sobre la que podemos respirar.

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Estas dos formas de reaccionar ante las dificultades no son solo producto de las circunstancias, sino que tienen su precipitante en una decisión interna, en ocasiones inconsciente, que hacemos. Sin saberlo escogemos enfrentar y, otras veces, afrontar las adversidades. Dos opciones que condicionarán, a falta de otras variables como el azar, nuestro éxito o nuestro fracaso en la solución de esas dificultades.

Tanto si enfrentas como si afrontas las adversidades, ambas elecciones supondrán su éxito o no.

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Enfrentar los problemas supone un desgaste emocional importante

Enfrentar los problemas aumenta el riesgo de perder el control, de dejarnos llevar por lo primero que sentimos, sin buscar la calma o una perspectiva diferente. Nuestras emociones toman el mando y nos dejamos llevar. Sin embargo, esta especie de liberalismo emocional suele ir acompañado de una consecuencia: arrepentimiento por lo que hemos hecho o dicho sin pensar.

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Sin darnos cuenta, nos encontramos en medio de riñas y disputas sin sentido que tan solo nos aportan un desgaste emocional muy grande, a veces, incluso físico. De hecho, cuando logramos ver con el tiempo esta situación desde otra perspectiva, nos percatamos de que hemos hecho verdaderas montañas de simples granos de arena.

¿Alguna vez has reaccionado de manera impulsiva ante algo y te has olvidado de lo que has dicho? Cuando esto ocurre, significa que has dado rienda suelta a ese primer instinto de protección. Aunque, si lo piensas de manera fría, no es que estuvieses realmente en peligro. A veces, tu impulso sale en defensa de tu propio ego.

Enfrentar los problemas provocará que pierdas el control y, al mismo tiempo, alejes la posibilidad de encontrar una solución que te satisfaga.

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Enfrentar eso que se te viene encima como una amenaza o un enemigo, en vez de como un desafío, te vuelve intolerante, te bloquea, evita que pienses con claridad y en muchas ocasiones te deja dando vueltas alrededor del arrepentimiento. Sin embargo, hay otra opción que requiere de práctica, que a veces supone un gran esfuerzo, pero que vale la pena. ¿Qué tal si cambiamos enfrentar por afrontar?

Afrontar las dificultades te permite crecer

Enfrentar las dificultades no te hace más fuerte: liberas una gran cantidad de energía sin dirigirla con inteligencia. Te dejas llevar por tus instintos más primarios sin control alguno, lo que te impide gestionar la situación de la forma más adecuada. Sin embargo, cuando afrontas creces, te vuelves más fuerte, más maduro. Así, estás en condiciones de abordar toda dificultad con mayor eficacia.

Cuando una adversidad se planta enfrente de tim sabes pararte a respirar para ver las cosas más claras y tomar la mejor de las decisiones. Sabes que puedes tomarte tu tiempo, ¡no es indispensable reaccionar o dar una respuesta ya! Así, precipitar la respuesta, cuando la situación no lo demanda, puede ser el primer error, el primer motivo por el que después te tires de los pelos.

Eres consciente de que cuando estás tranquilo y relajado, aunque a tu alrededor exista un verdadero caos, piensas de manera inteligente. Con este aliento, con el aliento que tú no te permites perder, la solución a la situación está más cerca.

Además, afrontar los problemas impide que hieras a los demás de forma innecesaria. Al expresarte de manera clara, cordial y respetuosa tu punto de vista quedará más claro y las críticas que hagas a otros no serán tomados de manera personal.

Solo los que han afrontado las adversidades conocen su propia fuerza.

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Como has podido ver, enfrentar o afrontar los problemas son dos cosas completamente distintas. Con una pierdes el control, no eres capaz de gestionar tus emociones y los remordimientos terminarán cerniéndose sobre ti. En cambio, con la otra ganarás en asertividad, sabrás solucionar las dificultades de manera eficaz y las tomarás como una oportunidad para crecer, madurar y aprender.

Las adversidades siempre encierran una oportunidad: nos permiten aprender. No son una desgracia, no nos convierten en víctimas. Pensar así hará que las enfrentemos, no que las afrontemos. No es lo mismo intentar derribarlas que superarlas, integrarlas en nuestra historia y quedarnos con el aprendizaje que nos brindan.

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Fuente: La Mente es Maravillosa

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