La alianza terapéutica: el vínculo sanador

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La alianza terapéutica es el punto de encuentro entre el paciente y el terapeuta. Es un vínculo único que se establece en la terapia y sobre el que se basa la confianza y el entendimiento necesarios para abordar el proceso de cambio en el que el paciente se halla inmerso.

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Es más, la alianza terapéutica es tan importante que predice el éxito de la terapia y explica su fracaso. Esto es así porque trata la integración entre las necesidades, miedos y el universo del paciente, junto con los conocimientos, las técnicas y la empatía del propio terapeuta.

Para que la alianza terapéutica sea buena, tanto el terapeuta como el paciente deben aunar su experiencia y conocimientos, ser capaces de adoptar distintos puntos de vista, entenderlos y aceptarlos, además de estar predispuestos al cambio. Ambos deben de aceptar que en la vida lo más común no siempre es lo más saludable y que ser diferente puede ser la mejor opción.

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La relación terapéutica debe entenderse como un trabajo de equipo en el que tanto el psicólogo como el paciente se involucren y apunten al mismo fin: cambiar juntos.

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La alianza terapéutica es el punto de encuentro de dos universos

La alianza terapéutica comienza a establecerse desde el primer contacto con el terapeuta. Desde el principio se busca que en la terapia haya un clima de confianza, de cercanía, en el que el paciente se sienta cómodo y pueda abrirse para exponer sus miedos o necesidades.

Por ello, hay que mostrar y dejar muy claro que en la terapia no se juzga, se acepta. Piensa que no somos los terapeutas los que solucionamos los problemas o le decimos al paciente qué hacer, simplemente le ayudamos a ver el gran potencial con el que cuenta para trasformar su vida en un lugar en el que se sienta mejor. En definitiva, el terapeuta acompaña al paciente en su viaje exploratorio y le sirve de soporte y ayuda para identificar aquellos recursos que tiene a su alcance, pero que por diferentes barreras mentales no utiliza.

La alianza terapéutica es, por tanto, el punto de encuentro de dos universos. De planetas distintos, pero con muchos puntos en común, es un lugar donde no importa quién ni por qué. Siempre ante unas manos que tiemblan pidiendo ayuda, habrá otras que se extiendan y no dudan en recogerte para enseñarte toda tu valía.

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Para ello necesitamos que el paciente perciba al terapeuta con la capacidad de recogerle en los momentos en los que se derrumba, y que confíe en él cuando le enseñe todas tus fortalezas para que vea que puede levantarse. Se busca que la terapia sea un espacio en el que puedan salir todos los miedos, de manera que estos queden expuestos e indefensos, por lo tanto débiles y sin fuerza.

Componentes de la alianza terapéutica

Al ser un vínculo único y tan importante, la alianza terapéutica ha sido estudiada en numerosas investigaciones. Pero la verdadera revolución sobre este término vino de la mano de los estudios de Lambert en 1992. Según Lambert, la relación terapéutica es una variable capaz de predecir hasta un 30% del éxito de la terapia. Su peso es superior a las técnicas que use el terapeuta, sean del modelo que sean, o a las propias expectativas de cambio que traiga el paciente.

La alianza terapéutica es, de hecho y según los estudios de Lambert, el factor terapéutico más determinante en el éxito de la terapia. Solo es superado en peso por factores extraterapéuticos, que son incontrolables, y que pueden influir en el proceso.

Entonces, si la alianza terapéutica es tan importante, ¿qué es lo que sabemos de ella?. Según Bordin, la alianza terapéutica tiene esencialmente tres componentes:

  • La relación que se establece con el paciente: cuya base se establece mediante lo que Rogers llama “la aceptación incondicional del paciente”. También entendida como la aceptación positiva incondicional, en la que el terapeuta tiene una actitud total de respeto y aceptación de las vivencias y sentimientos del paciente.
  • Grado de acuerdo de los objetivos a conseguir entre paciente y terapeuta: una tarea muy importante es que el terapeuta ayude al paciente a definir los objetivos que se pretenden conseguir en la terapia y a alcanzar con él un acuerdo para conseguirlos.
  • Grado de acuerdo con los medios o las tareas para conseguir dichos objetivos: es bueno que antes de empezar el terapeuta le explique al paciente las técnicas que va a utilizar y lo que va a pretender con ellas, de manera que obtenga el consentimiento de este para hacerlo. Si tiene alguna duda, el inicio de la terapia es un buen momento para resolverla: piensa que la implicación del paciente en la terapia, despejadas estas dudas, será mayor.

¿Cómo se consigue una buena alianza terapéutica?

Como hemos visto, una buena alianza terapéutica es tan importante que marca el devenir de la terapia y sobre ella se construye o se derrumba gran parte del éxito de la misma. Pero, ¿cómo se consigue una buena alianza terapéutica? Los siguientes pasos pueden ayudarte a establecer una buena alianza:

  • Ante todo, usa siempre la escucha activa: escucha al paciente sin juzgarlo, puesto que para que se abra completamente a ti y confíe necesita saber que pase lo que pase le vas a escuchar. Además, el paciente suele necesitar escucharse a sí mismo, darles voz a sus rumiaciones, no temas citarle literalmente, así sabrá que le escuchas y además le servirás de espejo para analizar su propio discurso mental.
  • Usa la empatía: no solo para escuchar al paciente, para ponerte en su piel y para entender lo que siente, sino también para hacérselo ver. Decirle cómo te sentirías tú -no lo que harías- en su situación suele ayudar en este sentido porque se trabaja a través de la comprensión y se genera confianza.
  • Reduce la incertidumbre sobre lo que sucede en la terapia: explica cómo ves lo que le ocurre, que es un proceso disfuncional pero más común de lo que se piensa, explícale cómo vais a trabajar con su problema y marca los objetivos que pretendas alcanzar con él y que lleguen a ser consensuados.
  • Adáptate a cada paciente: cada paciente es un mundo, su propia forma de vivir las cosas y su propio lenguaje. Adaptarse a ellos es la primera manera de sentirse comprendido.
  • Sé siempre sincero: imprescindible ser sincero y no transmitir falsas esperanzas de una recuperación rápida si no las hay. Al igual que el psicólogo debe ser lo suficientemente sincero con él mismo y con el paciente para aceptar que hay cosas que desconoce, y ofrecerse si es necesario para buscar la información o para derivar el caso si supera sus conocimientos.

Por todo ello la alianza terapéutica es, en sí misma, un vínculo sanador porque por sí misma produce cambios en el paciente que hacen que se sienta mejor. Ten en cuenta que no hay nada más terapéutico que sentirse escuchado y comprendido en los momentos de dolor, por eso, una buena alianza terapéutica podría considerarse una terapia en sí misma.

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Fuente: La Mente es Maravillosa

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