La ansiedad por separación: ¿cuándo se convierte en un problema?

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La ansiedad por separación es una situación que asociamos generalmente a los niños, pero que también experimentan muchos adultos. Se define como una ansiedad excesiva al separarse del hogar o de las personas por las que se tiene un fuerte apego emocional (por ejemplo, padres, abuelos, hermanos, hijos, etc.).

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Los síntomas pueden ser leves o bastante graves y son similares en niños y en adultos. En los adultos, normalmente, se cree que es un problema con el que creció la persona, pero no siempre es así, puede surgir en cualquier momento de nuestras vidas. Se manifiesta como temor a separase de la pareja, de los hijos, del trabajo o de algo a lo que se le haya dado mucho valor sentimental. Puede ser muy desgastante para quien la sufre, pero también para los “objetos de apego”, ya que en muchas ocasiones lo que hace es reflejar o afianzar una dependencia que ya existía en algún grado.

El concepto de tiempo no es fácil y tardamos unos años en desarrollarlo. Para muchos niños, cualquier separación es difícil y causa sufrimiento y llanto. Además, si no es bien manejada por sus padres, puede tener graves consecuencias, como una gran inseguridad en la adolescencia, incluso trascendiendo a años posteriores.

Como todo trastorno de ansiedad, sea en la infancia o en la adultez, para la ansiedad por separación es muy importante buscar un tratamiento: solo en raras ocasiones desaparece de manera natural. Lo normal es que tienda a crecer, a ramificarse hacia otras áreas de la vida y a facilitar el desarrollo de otras formas de ansiedad, como la agorafobia o el trastorno de pánico.

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El tratamiento recomendado, generalmente, es la psicoterapia. Sin embargo, en el caso de los peques la información que tengamos al respecto y algunas herramientas que os ofrecemos en este articulo podrán ayudaros a prevenir esta situación y a observar los signos de alarma en el caso de que este comenzando a presentarse.

Es una etapa normal

Cierta ansiedad por separación es normal y habitual en una determinada fase de nuestro desarrollo. Entre los 8 y los 14 meses, los bebés, que antes carecían de sentido del peligro, comienzan a tener miedo a personas extrañas o a lugares nuevos. Esta “etapa normal” es un método de adaptación natural que ayuda a los niños a habituarse y dominar el ambiente que los rodea.

Lo usual es que esta ansiedad por separación disminuya considerablemente o desaparezca por completo alrededor de los 2 años. Los niños de esta edad comprenden que sus padres pueden alejarse, pero que regresaran mas tarde. Al mismo tiempo, comprenden que ellos también lo pueden hacer y con esa seguridad se animan a explorar el mundo.

Esto no significa que en algunos momentos o situaciones puntuales y nuevas los niños no experimenten cierto grado de ansiedad. Esta ansiedad es más probable cuando se separan de sus padres por un periodo prolongado, cuando se enfrentan a situaciones de hospitalización, cambio de colegio, etc.

La ansiedad por separación suele provocar muchas emociones

Ante esta situación, los padres podemos experimentar numerosas emociones. Hay una sensación de bienestar porque nuestro hijo esta apegado a nosotros y también puede generar sentimientos de culpa por tener que dejarlo con extraños. También es normal sentirse agobiados por la gran cantidad de atención y tiempo que nos demanda.

El hecho de que tu hijo no quiera que te vayas es un buen signo de que vuestro apego es saludable, siempre y cuando este deseo no dé paso a una gran ansiedad. El apego saludable significa que existe confianza, que tu hijo confía en que siempre que te vas vuelves y eso le basta para sentirse tranquilo mientras estés fuera. El apego patológico se da cuando el niño necesita reafirmación y seguridad todo el tiempo y cuando no tiene herramientas para afrontar las nuevas situaciones, de manera que se le hacen muy cuesta arriba.

Es una etapa dura. Sin embargo, la ansiedad debería desaparecer con el tiempo y con mucha paciencia y fortaleza. Por otro lado, si cada vez que tu hijo llora entras corriendo desde la otra habitación o anulas todos tus planes, es probable que refine sus estrategias, siendo consciente de que en sus manos está el poder de evitar la separación que tanto teme.

Prevenir y practicar: dos conceptos importantes

Si os estáis planteando llevarlo a la guarde, sabed que es probable que os encontréis con la ansiedad por separación de la que hablamos: los niños son especialmente sensibles entre los ocho meses y el año. Si tienes que hacerlo, practica la separación poco a poco llevándolo a lugares nuevos o ve dejándolo con algún familiar o cuidador por periodos breves, hasta que tengas que dejarlo en la guarde.

Deja estos “ensayos” para momentos en los que tu hijo no esté cansado, inquieto o tenga hambre. Planea hacerlo después de que haya comido o dormido la siesta. recuerda que es un bebé y que es mucho mejor realizar cambios cuando las necesidades básicas están satisfechas y sin interferencias.

Anticipa la entrada a la guarde visitando el lugar con él antes de su primer día. Además, a ser posible lleva a cabo la adaptación de manera progresiva, donde el peque al principio vaya pocas horas y poco a poco vayas aumentando el tiempo que estás ausente.

Coherencia, calma y cumplir las promesas: 3 pautas fundamentales

Si estas llevando a tu hijo a una guarde en especial, es porque confías en los profesionales que ahí trabajan. En este sentido, intenta ser coherente con esta decisión y deja que te ayuden a manejar la separación, siguiendo sus consejos. Piensa que ellos tienen una experiencia muy grande afrontando ese tipo de problemas y van a querer lo mejor para ti y para tu pequeño.

Mantén la calma y trata de transmitir tranquilidad y confianza a tu hijo. Explícale cuándo vas a regresar usando conceptos que puedan entender como “después de comer”, ”después de la siesta”, etc. Puedes crear un ritual de despedida donde el “adiós” se dé de forma cariñosa y agradable, donde le dediques toda tu atención. Eso sí, cuando te vayas no vuelvas: podrías empeorar las cosas.

Regresa cuando hayas prometido hacerlo; de esta forma, alimentarás la confianza de tu hijo y podrá sobrellevar mejor esta situación. Sé puntual, sobre todo durante la adaptación: aunque los peques no tienen sentido tan agudo del tiempo, pueden observar como otros niños se van y sentirse angustiados porque no han venido por ellos.

Ante la despedida no te escabullas aunque lo veas tranquilo, marcharte así puede hacer que se sienta abandonado. Vete después de haberte despedido. Tampoco prolongues innecesariamente la despedida, porque esta actitud refuerza la sensación de que la guarde puede ser un lugar malo o de que lo que ocurre es muy trascendente.

No es común que la ansiedad por separación persista todos los días o durante periodos largos y constantemente. Si te preocupa que tu hijo no se esté adaptando a estar sin ti, consulta con algún experto. Ten en cuenta que tú también podrías estar manejando inapropiadamente la situación y necesitar la ayuda de un especialista.

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Fuente: La Mente es Maravillosa

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