La distimia: el peso constante de la tristeza

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Todos nos sentimos decaídos en ocasiones. Es normal que de vez en cuando nos sintamos tristes. Son rachas, muchas veces necesarias para que reaccionemos y busquemos una mejoría en nuestra vida o para que superemos acontecimientos desagradables que nos pasan.

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Ahora imagina que ese estado de ánimo decaído está presente contigo de manera continuada desde hace más de dos años. No es difícil ver el malestar que puede experimentar alguien que se sienta así. Es lo que pasa cuando aparece la distimia… ¡Continúa leyendo para saber más sobre ella!

“Estoy muy triste y me siento más desgraciado de lo que puedo decir, y no sé hasta dónde he llegado… No sé qué hacer ni qué pensar, pero deseo vehemente dejar este lugar… Siento tanta melancolía”

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-Vincent Van Gogh-

¿Qué es la distimia?

La distimia aparece cuando una persona lleva inmersa en un estado de ánimo depresivo durante al menos dos años. La observación puede ser hecha por quien lo padece o puede ser observado por quienes la rodean. Pero, aunque pueden resultar parecidas, la distimia no es lo mismo que la depresión.

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En estos casos, al menos durante los dos últimos años no ha habido un período superior a dos meses en los que la persona no haya tenido, por lo menos, dos de los siguientes síntomas: pérdida o aumento del apetito, insomnio o hipersomnia, falta de energía o fatiga, baja autoestima, dificultades para concentrarse o para tomar decisiones, o sentimientos de desesperanza.

Como puede verse, es posible que las personas con distimia no tengan tantos síntomas y no sean tan intensos como las que tienen depresión. Sin embargo, sí existe otro problema: es altamente persistente a lo largo del tiempo. Así, las personas con distimia van a estar de manera prácticamente continuada sumergidas en un estado anímico melancólico. Además, si no hay un tratamiento psicológico adecuado puede derivar en un trastorno depresivo mayor.

“La melancolía es una tristeza, un deseo sin nada de dolor, parecido a la tristeza en la misma medida en que la neblina se parece a la lluvia”.

-Henry Wadsworth Longfellow-

A parte de porque puede hacer que aparezcan otras psicopatologías, la terapia es necesaria porque la distimia genera una gran angustia en quien la padece. Como consecuencia a todo esto, la calidad de vida de estas personas se ve mermada, influyendo su malestar psicológico en los distintos ámbitos en los que se mueve de manera significativa.

¿Qué diferencia la distimia de la depresión?

Con lo que hemos expuesto hasta ahora, no sería de extrañar que te estés preguntando… ¿Esto de la distimia no es lo mismo que la depresión? La respuesta es que no, aunque es cierto que tienen algunas características en común, que son las que pueden llevarnos a confusión.

De hecho, las personas con depresión también tienen un estado de ánimo deprimido la mayor parte del día y casi todos los días. Esto, como en la distimia, lo pueden observar otras personas o el propio paciente. La diferencia aquí estriba en que en la depresión la duración es de al menos de dos semanas, no como en la distimia que tiene que estar presente durante dos años o más.

“Y en este titubeo de aliento y agonía, cargo lleno de penas lo que apenas soporto. ¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?”

-Rubén Darío-

Los otros elementos comunes serían los problemas del sueño, el aumento o la pérdida de apetito (aunque en la depresión puede darse una variación significativa en el peso sin que se siga un régimen especial para ello), la fatiga (que en la depresión se ve más como una pérdida de energía persistente) y la dificultad para concentrase o tomar decisiones (acompañada de una disminución persistente de la capacidad para pensar).

Como podemos ver, ya en las similitudes aparecen matices que generan diferencias. A lo que ya hemos comentado, tiene que añadirse que en la depresión se ve menguado notablemente el interés o el placer en todas o casi todas las actividades de la persona casi todos los días durante la mayor parte del día. Pero todavía hay más.

También aparecen agitación o retraso psicomotor cotidiano y continuado, sentimientos de inutilidad o culpa excesivos o inapropiados y pensamientos e ideas recurrentes de muerte o de suicidio o intentos y planes para llevarlos a cabo. Todo esto no lo vemos en la distimia. Lo que sí que vemos en ambos es el deterioro y el malestar que provocan a quienes lo padecen, lo que vuelve a poner de relieve la necesidad de buscar ayuda para salir de la situación en al que estas personas se encuentran.

Imágenes cortesía de Xavier Sotomayor, Priscilla du Preez y Patryck Sobczak

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Fuente: La Mente es Maravillosa

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