Los “niños salvajes” y su comportamiento en la sociedad

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Uno de los grandes debates que ocupó una parte importante de nuestra historia es el que se refiere a la influencia de la sociedad en la infancia. Dos de los grandes ponentes de este debate fueron Jean-Jacques Rousseau por una parte y Thomas Hobbes en oposición. Sus planteamientos versaban sobre la bondad y la maldad de la humanidad, dos temas que, como se verá más adelante, estuvieron muy relacionados con los denominados “niños salvajes”.

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Jean-Jacques Rousseau (1896) planteaba que el hombre es bueno por naturaleza mientras que la sociedad es la que lo corrompe. Por su parte, Hobbes (1588/2010) acuñó la famosa frase “el hombre es un lobo para el hombre”, queriendo decir que el hombre es malo por naturaleza y son precisamente los mecanismos de control social los que evitan que este mal nos termine destruyendo.

Pero, ¿cómo saber quién estaba en lo correcto? Si bien es imposible apartar a un niño de la sociedad para comprobarlo, por razones morales y éticas, existen niños que por distintas circunstancias se han criado aislados de la sociedad. Estos casos han sido denominados “niños salvajes”.

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Los “niños salvajes” son personas que durante una época de su infancia han vivido fuera de la sociedad, lo cual incluye tanto a niños que han sido confinados como niños que han sido abandonados en la naturaleza. Si bien los casos son pocos y en algunos ha sido puesta en cuestión la existencia del aislamiento o corresponden a mitos de poca credibilidad, existen más de veinte casos que, con mayor o menor rigor, han sido documentados y estudiados.

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Víctor de Aveyron

Posiblemente el caso más famoso de un niño salvaje es el de Víctor de Aveyron. Víctor (Itard, 2012) fue capturado cuando tenía alrededor de once años. Al cabo de una semana se escapó y, después de pasar el invierno, volvió a ser capturado cuando se escondía en una casa abandonada. Fue internado en un hospital donde se procedió a estudiar su caso.

Victor de Aveyron

Una de las teorías que más fuerza ha tenido sobre el caso de Víctor es que padecía un trastorno del espectro autista. Dados los extraños comportamientos que mostraba, su familia le abandonó. Además, las múltiples cicatrices que tenía Víctor no se debían a la vida salvaje, sino que se correspondían a abusos físicos anteriores a cuando fue encontrado en el bosque.

De acuerdo con uno de los médicos que llevó su caso (Itard, 1801), Víctor era “un niño desagradablemente sucio, afectado por movimientos espasmódicos e incluso convulsiones; que se balanceaba incesantemente como los animales del zoo; que mordía y arañaba a quienes se le acercaban; que no mostraba ningún afecto a quienes le cuidaban y que, en suma, se mostraba indiferente a todo y no prestaba atención a nada”. A pesar de que su aspecto físico mejoró así como su sociabilidad, los intentos de enseñarle a hablar y a comportarse de manera civilizada no tuvieron éxito.

Marcos Rodríguez Pantoja

Aunque son varios los casos de “niños salvajes” que han convivido con animales como cabras, perros, gacelas, lobos, monos, etc., muchos de estos son desestimados por la falta de datos que certifiquen su autenticidad. Sin embargo el caso de Marcos destaca por ser cercano y verificable en el tiempo. Marcos fue vendido por sus padres a los siete años, a un terrateniente que lo entregó a un cabrero con el que vivió hasta su muerte en una cueva. A la muerte del cabrero, Marcos quedó solo durante once años hasta que fue encontrado por la Guardia Civil. Durante esos once años, su única compañía fueron lobos.

El estudio del caso fue llevado a cabo por el antropólogo y escritor Gabriel Janer Manila (1976). La causa de su abandono residía en un contexto socioeconómico de extrema pobreza. Las habilidades que Marcos aprendió antes de su abandono, junto con su extraordinaria inteligencia natural, fueron los que hicieron posible su supervivencia. Durante su aislamiento, Marcos aprendió los ruidos de los animales con los que convivió y los empleó para comunicarse con ellos, mientras poco a poco abandonó el lenguaje humano.

Marcos Rodríguez Pantoja como ejemplo de niño salvaje

Una vez que fue reintroducido en la sociedad, comenzó una readaptación a las costumbres humanas aunque incluso en la vida adulta mostraba preferencia por la vida en el campo con animales. También desarrolló cierta animadversión por el ruido y el olor de las ciudades y mantuvo la creencia de que la vida entre los humanos es peor que la vida con los animales.

Genie

Los padres de Genie (Rymer, 1999) padecían problemas, su madre era ciega debido a un desprendimiento de la retina y a que tenía cataratas y su padre sufría aquejado de un cuadro depresivo que se agravó cuando su madre murió en un accidente de coche. Genie comenzó a hablar más tarde que la mayoría de los niños y los médicos diagnosticaron que posiblemente tenía una discapacidad intelectual. Por ello, su padre, ante el miedo a que las autoridades le quitaran a su hija entendió que tenía que protegerla de los peligros del mundo exterior.

Genie fue encarcelada en su habitación con el único contacto que suponía su padre. Genie tenía prohibido hacer ruidos y pasaba las noches dentro de una jaula. Su alimentación consistía mayoritariamente en comida de bebé. A los 13 años solo comprendía 20 palabras de las cuales la mayoría eran cortas y negativas: para ya, ya basta, no… La habitación de Genie estaba sellada, solo había un pequeño agujero que le permitía ver 5 centímetros del mundo. Los demás habitantes de la casa tenían prohibido visitarla o, incluso, dirigirle la palabra.

Al final, la madre de Genie se escapó con ella y con su hermano por lo que las autoridades pudieron poner a Genie en tratamiento (Reynolds y Fletcher-Janzen, 2004). La primera parte del tratamiento se hizo aislando a la niña de su madre y la conclusión fue que había experimentado una involución. Estaba peor que cuando la encontraron. Después fue devuelta a su madre, la cual se dio cuenta de que era muy difícil cuidarla por lo que fue pasando por diversos hogares adoptivos, en algunos de los cuales fue maltratada de nuevo.

Genie

Rochom P’ngieng

Rochom (El País, 2007) era un niña camboyana que se perdió a los 9 años en la jungla, volviendo a aparecer 10 años más tarde. Tras desaparecer de la granja de sus padres, fue encontrada tras diez años sin saber nada de ella por un granjero que la entregó a la policía.

Al volver a la sociedad, Rochom no soportaba vestirse, no recordaba hablar y emitía gruñidos. Siempre caminaba de cuclillas y cuando se la dejaba sola, intentaba escaparse. Las múltiples cicatrices con las que contaba hicieron pensar que pudo haber estado en cautiverio e, incluso, sufrir abusos (The Guardian, 2007). Posteriormente, Rochom se escapó y fue encontrada 10 días más tarde en una fosa séptica. Fue rescatada e internada en un hospital donde, según sus padres, se encontraba sin fuerzas, durmiendo todo el día. Se veía pálida y débil.

Inserción en la sociedad

La vuelta de estos “niños salvajes” a la sociedad no ha sido fácil. Algunos factores como el grado de aislamiento y la edad que tenían al estar fuera de la sociedad van a ser determinantes a la hora de comprender sus comportamientos en la sociedad (Singh y Zingg, 1966). Los “niños salvajes” que se han visto privados de todo contacto con humanos, que incluso no han visto a humanos, van a tener mayores problemas. Los que han vivido entre animales pueden incluso tener una mejor adaptación.

El aprendizaje vicario es una parte muy importante del desarrollo y aquellos que lo han perdido van a tener más dificultades para realizar comportamientos que nunca han visto realizar. La privación de estímulos a una edad muy temprana va a delimitar las experiencias de estos niños (McCrone, 1994). El aislamiento puede en este sentido, incluso, llegar a limitar los movimientos corporales y crear malformaciones físicas. Otras habilidades básicas como la memoria espacial pueden no llegar a desarrollarse en situaciones de aislamiento.

Por otra parte, sobre todo para aquellos “niños salvajes” que han convivido con animales, la inteligencia naturalista (Gardner, 2010) suele estar muy desarrollada. Esta es la capacidad de percibir las relaciones entre especies, grupos de objetos y personas reconociendo las diferencias y similitudes entre ellas. Se especializa en identificar, discernir, observar y clasificar miembros de grupos o especies de la flora y fauna, siendo el campo de observación y uso eficiente del mundo natural.

Sin embargo, la falta de interacciones con otras personas y de lazos afectivos son habilidades básicas que los “niños salvajes” no van a desarrollar. Debido a esto, y al gran componente cultural de las emociones y de su regulación, estos niños presentan dificultades para adaptarse a esas normas no escritas que rigen el funcionamiento de cualquier sociedad.

La comunicación en los “niños salvajes”

El desarrollo del lenguaje es otro punto crucial. Los humanos, al nacer, son capaces de realizar más de 200 sonidos diferentes. La sociedad, mediante el refuerzo, les van a indicar cuáles de estos sonidos se corresponden con el idioma o idiomas que los niños van a acabar hablando. Aquellos niños que no son reforzados desde pequeños van a tener más dificultades para pronunciar bien. Lo mismo sucede con la gramática.

El lingüista Noam Chomsky (1957/1999) propuso que existe un período límite para aprender un idioma de forma natural. Ese período se sitúa a los tres años y una vez pasado sin que el niño aprenda un idioma, no va a llegar a desarrollar las estructuras cerebrales necesarias para aprenderlo. Si bien se pueden aprender palabras, el dominio completo del lenguaje va a exigir un esfuerzo extraordinario.

Rómulo y Remo, dos niños salvajes

Como propone Chomsky, al nacer tenemos estructuras cerebrales innatas. Estas estructuras que se han formado evolutivamente están pre-programadas para desarrollar ciertos comportamientos o acciones como el hablar. Sin embargo, si estas estructuras no reciben los estímulos necesarios para que puedan completar su desarrollo antes de cierto momento, van a dejar de ser útiles y no llegarán a cumplir su propósito. Además, es necesario que el desarrollo de estas estructuras se dé al mismo tiempo que el de otras estructuras cerebrales.

Los “niños salvajes” fuera de la pantalla

La imagen de Mowgli, el niño de la selva creado por el escritor Rudyard Kipling (1894), no se corresponde con la realidad de los “niños salvajes”, al igual que tampoco podemos tomar como referente a Tarzán. Las privaciones que han sufrido estos niños no los convierten en unos revolucionarios al entrar en la sociedad.

Las perspectivas de futuro para los “niños salvajes” no suelen ser buenas. Tras haberse vistos privados de estímulos y experiencias comunes a la especie humana, van a pasar por periodos críticos para desarrollar determinadas habilidades, como el lenguaje, a los que después no podrán volver ni recuperar.

Estas carencias o falta de habilidades viene precedida por la falta de estímulos y de refuerzo para que el desarrollo de estas se produjese. Como decíamos, la privación, en una etapa crítica, puede impedir el desarrollo pleno de habilidades como el lenguaje o la memoria espacial. Todo esto, junto con la dificultad que conlleva para los terapeutas su tratamiento, complican la educación y la reinserción.

Una de las peores consecuencias para estos “niños salvajes” es que su esperanza de vida es muy corta. Puede que estos niños no estuvieran preparados para la sociedad al igual que la sociedad puede que no estuviera preparada para ellos. En este sentido, el debate sobre la bondad y la maldad del ser humano y sobre el carácter controlador o pervertidor de la sociedad queda abierto.

Bibliografía

Singh, J. A. L. y Zingg, R. M. (1966). Wolf-children and feral man. Mishawaka: Shoe String Pr Inc.

Chomsky, N. (1957/1999). Estructuras sintácticas. Buenos Aires: Siglo XXI.

El País (2007). La última niña salvaje. Encontrado en: https://elpais.com/sociedad/2007/01/19/actualidad/1169161205_850215.html

Janer Manila, G. (1976). La problemática educativa de los niños selváticos: El caso de “Marcos”. Encontrado en: http://www.raco.cat/index.php/AnuarioPsicologia/article/viewFile/64461/88142

Gardner, H. (2010). La inteligencia reformulada: Las inteligencias múltiples en el siglo XXI. Barcelona: Paidós.

Hobbes, T. (1588/2010). Leviathan. Revised Edition, eds. A.P. Martinich and Brian Battiste. Peterborough, ON: Broadview Press.

Itard, J. M. G. (1801). De l’education d’un homme sauvage ou des premiers developpemens physiques et moraux du jeuneççç sauvage de l’Aveyron. París: Goujon.

Itard, J. M. G. (2012) El niño salvaje. Barcelona: Artefakte.

Kipling, R. (1894). The jungle book. Reino Unido: Macmillan Publishers.

McCrone, J. (1994). Wolf children and the bifold mind. En J. McCrone (Ed.), The myth of irrationality: The science of the mind from Plato to Star Trek. New York: Carroll & Graf Pub.

Reynolds, C. R., Fletcher-Janzen, E. (2004). Concise encyclopedia of special education: A reference for the education of the handicapped and other exceptional children and adults. Hoboken, NJ: John Wiley & Sons, pp. 428-429.

Rousseau, J.-J, (1896). Du contrat social (El contrato social). Paris: Félix Alcan.

Rymer, R. (1999). Genie: A scientific tragedy. UK: Harper Paperbacks.

The Guardian (2007). Wild child? Encontrado en: https://www.theguardian.com/world/2007/jan/23/jonathanwatts.features11

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Fuente: La Mente es Maravillosa

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