¿Por qué nunca en la vida has visto a una paloma recién nacida? No te desesperes, aquí está la razón

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Ahora que lees este título, te preguntas… ¿cómo es que en realidad, jamás has visto a los polluelos de las palomas? Y es extraño que no lo hayamos hecho, pues ellas están por todas partes; en las grandes ciudades, en las calles, en las plazas, en las fuentes de agua y muchos lugares más. Sin embargo, nunca hemos encontrado pequeños bebés caminando con ellas o siguiendo sus pasos, es como si ni siquiera existieran y misteriosamente todas nacieran igual de grandes.

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Pero no es así, y en realidad hay una particular razón por la que casualmente no vemos a sus críos.

En realidad, las palomas pueden hacer de todo, incluso reproducirse frente a nuestros ojos, pero cuando se trata de sus hijos, son muy reservadas.

Ellas escogen lugares estratégicos para anidar, y allí está la clave: sus bebés no estarán a la luz pública, sino en partes escondidas como casas y edificios viejos, azoteas, espacios debajo de los puentes, etc.

Allí van a permanecer hasta que cumplan al menos 40 días, y en ese transcurso sus padres le llevarán comida suficiente para que puedan desarrollarse, sacar más plumas y tener aspecto menos frágil, de una paloma más grande. 

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Y lucen incluso graciosas, mira:

zoorprendente
East News

Luego de esa fase de días necesarios para que las crías puedan salir al público, es muy fácil reconocerlas. Hay una importante característica que diferencia a las aves jóvenes de las adultas: las primeras no tienen esa franja de colores en el cuello que caracteriza a las clásicas palomas.

Getty Images

Al fin podrás sacarte esa duda existencial que tenías grabada en tu mente desde siempre, o que simplemente te hiciste en este post y necesitabas responder.

Definitivamente ya no podrás ver a las inocentes palomas como antes la próxima vez que te las cruces en tu camino de vuelta a casa.

¿Qué opinas de los polluelos?

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Fuente: UPSOCL

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Written by Mary

Mary

Pensando como siempre en la inmortalidad del cangrejo, surgió una epifanía en la cual soñé un mundo cabalgado por unicornios que sobrevuelan un sin fin de praderas de estrellas y esperanzas.

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