Ver a los demás como instrumentos es fácil, como personas es más complicado

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Desear el mal ajeno o hacerle daño a los demás es una realidad que nos repugna. No obstante, ¿alguna vez te has visto tentado o seducido por ese lado oscuro? Tratar a los demás como instrumentos para conseguir nuestros propósitos es mucho más fácil. Si anhelas ser el mejor de la empresa, te basta con boicotear el trabajo de tus compañeros. Es un camino mucho más corto para lograr lo que deseas y también el que te dará una satisfacción con menos demora. ¿No es en parte esto lo que siempre codiciamos?

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El ser humano busca siempre la satisfacción inmediata de lo que quiere. Recuperando el ejemplo anterior, no nos sirve darlo todo, esforzarnos y esperar meses hasta conseguir, de forma honesta, nuestra meta. Si podemos acortar este tiempo, ¿por qué no hacerlo? Así es como piensan los que se dejan llevar por lo que consideramos que está mal. Dejan de tratar a los demás como personas para empezar a usarlas como instrumentos: obstáculos o medios para sus fines.

Los mecanismos de seducción del mal

Todos hemos conocido a personas buenas que terminaron volviéndose malas. Individuos manipuladores, de muy mal carácter, que comenzaron a hacer lo que antes sufrían en sus carnes. Este es el primer mecanismo de seducción del mal. Sentirnos dolidos por lo que nos hicieron. Notarnos víctimas de las circunstancias, no merecedores de todo el daño gratuito recibido. Cansados de todas las adversidades, soportadas una tras otra. Al final, el rencor se apodera de nosotros y nos transformamos quienes no quisimos ser.

Una persona maltratada puede convertirse en un maltratador. Alguien objetivo de críticas puede adoptar el papel de crítico. Después de tanto dolor uno decide dejar de “ser tonto” y actuar como los otros lo han hecho con él. De lo que no somos conscientes es de que el objetivo de nuestros malos actos son personas inocentes. Un grupo al que nosotros pertenecimos un día.

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mujer especialista en tratar a los demás

No obstante, también existe otro mecanismo de seducción del mal que nos lleva a tratar a los demás como instrumentos y no como personas. Esto es ver cómo los que se encuentran a nuestro alrededor alcanzan el poder con sus malas obras. Los odiamos, nos celamos, ¡tienen tanta suerte y son tan malas personas! Todas estas emociones negativas nos llevan a querer reproducir sus actos, porque nuestra honestidad no nos proporciona la suerte que ellos están teniendo.

Si abrimos los ojos, nos daremos cuenta de que nos hemos dejado envenenar. Es como si estuviésemos en un frutero rodeados de manzanas podridas. Al no habernos alejado de esa situación, de esas personas, terminamos también infectados. Contaminados por ese mal tan seductor que nos hace tratar a los demás como instrumentos para satisfacer nuestras necesidades o, simplemente, provocar el dolor que una vez nosotros recibimos.

La atracción del poder

En todo lo mencionado hasta ahora hemos estado en contacto con el rencor y con esa sensación de “sentirnos tontos” al ver a otros comportarse mal y obtener los resultados que a nosotros nos gustaría alcanzar. Pero, bajo todo esto hay una poderosa razón por la que el lado oscuro nos absorbe y por la que dejamos de ver a las personas como tales y empezamos a observarlas como objetos: el poder.

Tomar el control nos da poder, someter también, manipular, mentir, hacer daño… Todo esto lo hacemos intencionalmente y, en ciertas ocasiones, no nos importa destruir por completo a la otra persona si con esto salimos beneficiados. Ahora tenemos el control de la situación y esto alimenta nuestras ganas de más. Nos dejamos llevar. ¿Hasta dónde seremos capaces de llegar?

mujer especialista en tratar a los demás

Aunque tratar a los demás ignorando sus sentimientos puede hacernos sentir bien por un momento, lo cierto es que a la larga nos amargará y entristecerá. Como seres humanos buscamos lo bueno porque eso nos hace sentir en paz. Aunque lo malo nos beneficie de alguna manera o nos permita obtener “justicia“, el resultado no será el mismo.

Nos seduce el poder que nos proporciona el mal. Ese flirteo inocente que podemos mantener en un principio se convertirá en algo que no tendrá vuelta atrás si no tenemos cuidado. Tratar a los demás como objetos puede hacer que consigamos lo que nos proponemos, pero nos alejará del equilibrio, de la paz, de la felicidad. No olvidemos que por comportarnos así siempre hay un precio que pagar: el de sarcrificar nuestro ser para tener. ¿Merece la pena?

mujer especialista en tratar a los demás

Imágenes cortesía de Catrin Welz Stein

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Fuente: La Mente es Maravillosa

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